domingo, 25 de noviembre de 2012

Qué vergüenza

Folio en blanco. Desnudemos nuestras frustraciones con pulso firme y buena letra. "No volveré a ilusionarme". Ahora, copiémoslo cien veces. Que no se olvide. Para firmar un esperpento como el de La Rosaleda, mejor no haber abierto los apetitos con el ya devaluado festival ante el Bayern.

El fútbol está reñido con las matemáticas. Entre sus leyes no figura la propiedad conmutativa. Aquí el orden de los factores sí altera el valor del producto. No es lo mismo fichar a un jugador de ocho millones que rellenar la plantilla con ocho peloteros a un kilo por cabeza. El talento vale dinero. Y cuando no lo hay, a la menor presión se te ve el cartón. Ya podemos ir preparando la ropa de invierno. Si la diferencia con el Málaga es la que vimos anoche, nos espera un futuro lleno de apasionantes retos. Apagar la televisión martes y miércoles, superar eliminatorias de Europa League el jueves, vender jugadores para equilibrar presupuestos y tratar de acabar el año por encima del Levante. Qué pasada. Hoy por hoy el Valencia sólo competiría con el Málaga en Iberflora.

El jeque tiene grandes futbolistas que se motivan sin cobrar, pero lo triste es que ayer boxearon con su propia sombra. Ni siquiera necesitaron recurrir a argumentos deportivos para arrollar al Valencia. Bastó la intensidad. La dignidad.

Conversación real mantenida esta semana. ¿Cómo se puede someter al Bayern y tres días antes hacerlo tan mal ante el Espanyol? «Porque el rival se cerró bien y no dejó espacios», contesta el uno. «Ante los alemanes hubo solidaridad, espíritu, orgullo; en la Liga nada de nada, y si el equipo no lo sabe habrá que recordárselo», replica el otro. La primera respuesta la dio un peso pesado del vestuario. La segunda, el que corta el bacalao. Es lo de la propiedad conmutativa, amigo Braulio. Para lo que hay, mejor fichar a una bestia de 20 millones y dejar el resto de la faena para gente de casa. Como Bernat, Alcácer, Guaita... Isco.

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