domingo, 11 de noviembre de 2012

Cine negro

Pese a la jocosa alusión a 'Pretty Woman', la junta del Valencia tuvo poco de comedia. Puro cine negro, con Paco Roig regresando de entre los mudos para descerrajar una ráfaga de reproches sobre el viejo colega. Sangre fría, gatillo caliente. Como reza el género. Y entre la humareda del tiroteo verbal, un molesto hedor a ajuste de cuentas. Atildados ejecutivos embadurnados de barro, el chaval de la Grada Joven avergonzado por sus mayores y el 'ilustrado' Vallés dando lecciones de gramática a la prensa. Menudo giro argumental.

Paco Roig tuvo su época y la vendió. Perdió el derecho a dirigirse al valencianismo el día en que renunció a su legítimo sueño de volver a cambio del dinero ajeno. Nada que reprochar. Treinta millones son mucha pasta. Pero que no olvide que con su maniobra él inventó el solerismo. Y que si las administraciones se arrojaron en brazos del príncipe amostachado que con el tiempo mutaría en rana fue para huir del 'tronaor' de Mestalla.

Sofocos al margen, a Llorente no le vino mal la irrupción de Roig. Al adentrarse en el terreno de las vísceras, el debate se alejó de las arenas movedizas que configuran cuentas y balances, para decepción de los críticos con argumentos. Pero el presidente debe reflexionar. Mal, muy mal está el valencianismo si Roig todavía es capaz de arrancarle desesperados aplausos. Este club necesita ilusión, la que emana del populismo de su némesis.

Llorente heredó un muerto. Verdad irrefutable. Y la salvación queda lejos. Ante el cariz de la negociación y el pellizco que se llevará Bankia por cada traspaso, aunque el Valencia vaya a la Champions tendrá que vender a Feghouli. Si no entra en la gran competición, con el argelino se irán Rami o Soldado. Y sin equipo no hay victorias. Pero la nefasta gestión de sus antecesores ya no vale como argumento. Si tan mal lo hicieron, debió impulsar la acción social de responsabilidad. Aun a sabiendas de que la perdería. La dignidad bien vale una derrota. Mejor eso que la complicidad del silencio.

Ya sin mirar atrás, Llorente debe quitar el velo a su gestión. Entender que cuando se anuncia una solución hay que explicarla. No volver a aceptar cláusulas de confidencialidad que le exponen a doce meses de insoportable desgaste vendiendo huecas ilusiones al socio. Tanto él como Piles han de entender que en ocasiones si no tienes una buena mano es mejor ser transparente que jugar de farol.

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