Reaparecen en la aturrullada vida del Valencia como macilentos espectros. El chirrido de sus cadenas preside la parodia, con guión digno de Francisco Ibáñez pero arruinada por un reparto venido a menos. «Ya están aquí», que diría la niña de "Poltergeist". Otra vez ellos emponzoñan la existencia de este club, quién sabe si en busca de rematar la faena que dejaron incompleta.
Paco Roig entra por una ventana dando lecciones de ética y pregonando valencianismo, agitando masas bajo un sudario que no impide ver el reguero de billetes que le persigue. Juan Soler se descuelga desde la chimenea, convencido de que esta vez sí ha dado con el clavo. El hombre que hundió al Valencia en la ciénaga pide que esta ciudad le escuche, porque trae a un alquimista capaz de bañar de oro el escudo del murciélago. Dicen las malas lenguas que ha alcanzado tal grado de afinidad con él que incluso le paga la habitación del lujoso hotel donde preparó su desembarco. Habladurías. No ha podido venir Víctor Vicente Bravo, porque a la parca no hay quien la estafe, pero haría falta un médium para convencernos de que no se reencarnó en Mario Alvarado.
Al menos esta vez nos han cogido preparados. El cordón sanitario dispuesto hace tres años con tal de impedir que Dalport finiquitara el Valencia ha sido gravoso para el club y las instituciones, pero eficaz. Al clan uruguayo le bastó con timar a tres empresarios para acceder al puente de mando y meternos en el cuerpo el baile de San Vito. El abordaje costarricense nació muerto, ya que tenía que vender su milonga, en tiempos de austeridad y escepticismo, a gobernantes escarmentados y a una entidad financiera que ya no rigen políticos, sino economistas.
El futuro pasa inevitablemente por una venta, pero mientras las tripas del club rechinen de hambre todo aquel que se acerque estará bajo sospecha. El día en que la deuda alcance niveles soportables, en el momento en que el nuevo estadio recobre la vida, cuando el Valencia sea de verdad una golosina... entonces vendrán los verdaderos inversores. Lo otro es aquello de los duros a cuatro pesetas.
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