Vaya por delante que Guaita me parece un formidable portero. Iré más allá. En un combate decidido a los puntos, lo prefiero a Alves. Transmite sobriedad y además, qué caray, representa a esa cantera siempre tan distante del primer equipo. Supo pulirse en el exilio y regresó para jubilar a César y desterrar a Moyà. Dos peces gordos engullidos por un chaval al que le sienta genial el brazalete.
Si una máxima se perpetúa hasta erigirse en tópico será porque en el fondo no le falta sentido. Y el vademécum del fútbol establece que el rol de guardián de los palos va directamente ligado a la confianza. ¿Cuántos errores justifican un cambio de arquero? ¿Cuántos fallos leves equivalen a uno grave? Alves no ha matado a nadie. Se equivocó ante el Celta y en Mallorca, pero seguramente fue el mejor jugador del equipo en los otros cinco partidos de la temporada.
Por lógica, habría que pensar que el cetro es ahora de Guaita. Su debut sin sobresaltos le hace acreedor a la titularidad frente al Lille. Pero Pellegrino anuncia que decidirá día a día. En función del rival. Habrá que estar atentos a su sensible balanza, porque si algo ha demostrado Diego Alves es poseer un espíritu competitivo que no aceptaría decisiones arbitrarias.
El técnico, que vio desde el campo despellejarse a Cañizares y Palop, convertirá cada partido en una criba para sus arqueros. ¿Abajo los tópicos? Pues abajo. Toda cita será una reválida para el efímero titular. El problema vendrá cuando alguno de los afectados no esté de acuerdo con el examinador.

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