lunes, 7 de enero de 2013

Un artificiero en Mestalla

Cuando ofreció al pueblo la cabeza de Pellegrino, Llorente sabía que para salvar la propia ya no bastaba con otro entrenador al uso. Necesitaba un artificiero. En el caso del argentino había metido la pata hasta el corvejón, no tanto por la elección en sí como por imponer su intuición de aficionado a los criterios del director deportivo. Aquel imperdonable error activaba una nueva bomba en su maleta. Treinta días para deshacer el nudo de la Fundación. Noventa para renegociar la deuda con Bankia y salvar la recalificación de Paterna. Sólo faltaba una galopante crisis deportiva. Demasiado tictac flotando en el ambiente.

La angustia llevó a la contrición y, al borde del abismo, el gestor decidió no meterse en nuevos berenjenales. Que se moje Braulio, que para eso le pago. Y el director deportivo, presa del descrédito por sus acciones y omisiones, acertó en la diana. Qué pena que no le hubieran dejado ser protagonista en verano, cuando tocaba. Qué pena también que él lo permitiera al calor de una nómina.

Valverde no ganará un premio a la popularidad. Ni es permeable a la prensa ni anda sobrado de carisma. Se trata de un tipo normal, virtud en los tiempos que corren. Pero por encima de todo ha revelado sus dotes de artificiero. En la vida es importante saber caer de pie. Él lo ha hecho sobre el cráter de Mestalla.

Clemente le apodó 'txingurri' porque aquel menudo futbolista de frágil apariencia y ágil zigzagueo le recordaba a una hormiga. El mote, sin embargo, se ajusta mejor a su forma de trabajar que a cualquier rasgo fisonómico. En silencio se ha ganado el respeto del vestuario, con gestos inteligentes como no señalar culpables ni refugiarse públicamente en ese paño de lágrimas que es el mercado de invierno.

Valverde fue el gran triunfador en Granada. Despertar el apetito de un abúlico vestuario ha sido su primera victoria psicológica. Pero a ella se sumó una buena lectura del partido y la sobresaliente actuación de sus resucitados. Llorente parece tener ya artificiero. Esa maleta pesa menos.

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