domingo, 21 de octubre de 2012

Salvar al soldado Roberto

Arrancó un gesto de rabia al hierático Llorente, quebró cientos de gargantas y buscó acomodo para algún que otro pañuelo descarriado. La reacción del Valencia electrizó a su afición, con bien ganada fama de exigente, pero entregada en cuanto se le da un mínimo motivo de esperanza. Sin embargo, de poco habrá servido la remontada si no conduce a un punto de partida. Al adiós a las turbulencias en este proyecto preñado de dudas. La moneda cayó de cara porque el equipo lo buscó con ahínco tras el descanso, pero no olvidemos que él mismo se condenó al heroismo con un nefasto primer acto. No está el horno para ruletas rusas.

La crisis y los desvaríos que convirtieron a este club de fútbol en agencia inmobiliaria han hecho callo. Tras un crudo trienio en el que Mestalla vio desfilar bajo la bandera enemiga a tanto viejo ídolo, qué más da que el partido de anoche naciera amenizado por los goles de Mata, Isco, Joaquín y Pablo con sus nuevos escudos. O que bajo la mandíbula del león desdentado se escondieran los colmillos del honrado Aduriz.

La pérdida de referentes alivia la deuda pero alimenta la duda. Y los goles de resopón no deben ocultar las miserias de una defensa verbenera, aleccionada por un técnico que ayer fue cotizado central y hoy hace buena la historia del herrero con cuchillo de palo. La lucha por la supervivencia económica llevó al Valencia a vender su alma. La diáspora ha vestido de profetas a viejos proscritos como Ricardo Costa o Banega, y el único hálito de fe lo aportan los niños Viera o Bernat y la garra de Valdez.

El Valencia juega con aquel fuego que arrasó al Superdépor. El Málaga, dueño del último puesto de Champions al alcance de los mortales, pudo irse anoche a nueve puntos. Si el club cae del gran escaparate continental necesitará añadir al habitual capítulo de ingresos por ventas otros 16 millones. Y en esta plantilla no hay ya ningún Villa, Silva o Mata. Sólo un jugador puede traer tal inyección económica. El único lujo que nos queda. El último murciélago. Protejámoslo.

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